II Charlotada. Año 1983.

II Charlotada. Año 1983.

De izq. a drch.(de arriba hacia abajo):Alfonso González, Misael Baones, José Manuel Tovar (el Chema), Fernando Alonso, José García,  Paquita, Paco «el Zorro», King kong (el orangután), Juan Baones, Antonio Moya, José Manuel Sánchez (el Chino), Rocky (el perro) y Manoli Tovar.

«Ésta la preparamos a conciencia. Con mucho más tiempo. Me acuerdo que una semana antes vino un circo al pueblo y cuando Paco vió el orangután, intentó convencer al dueño para llevarlo a la plaza el día de nuestro espectáculo. Y lo consiguió, pero por mil pesetas. Esa mañana lo primero que hicimos fue ir a recoger a King Kong para que se acostumbrara a nosotros. Quedamos en casa de los Baones para prepararnos desde temprano. Manoli Escopeta se vino para pintarnos la cara y vestirnos con los disfraces que consiguió Paco, que en ese entonces, se dedicaba a la venta ambulante de telas y hules. Yo estaba más pendiente del mono que de lo que se hacía allí. El dueño del circo nos dijo que el mono sabía tirar besitos… y vaya si los tiraba…pero Juan, se puso tan pesado pidiéndoselos a King Kong, cuando menos se lo esperó le dió un guantazo con toda la mano abierta…(risas)…¡ Qué banquete de reir!. Luego, lo dejamos amarrado con una cadena a la cancela del patio mientras almorzábamos. A la hora de salir,  Alfonso tiró unos cohetes y el mono no sabía el pobre dónde meterse…Subimos a la plaza en una furgoneta. Al hacer el paseillo, nos dimos cuenta que la plaza estaba llena, nadie quiso perderse aquello… Y ya, cuando salió la vaquilla, empezamos a dar unos capotazos «parriba y pabajo» entre unos y otros: «El Chema» con su maleta… José el de la panadería…no José, en la primera edición se partió dos costillas y dijo que del burladero no salía…como «el Chino» y como King Kong, que cada vez que se asomaba por abajo y veía la vaquilla saltaba gritando y se volvía a meter dentro…Rocky, salía de vez en cuando y le ladraba…¡qué bien lo pasamos!… Al día siguiente, cuando devolvimos a King Kong al circo, el dueño nos preguntaba que qué le habíamos hecho a su orangután que iba nerviosito «perdio»…»

Fotografía y relato de Antonio Moya Ruiz.